Estelas químicas (chemtrails)
Hace tiempo que lo sé y no digo nada para que no me tomen por loco, pero está llegando el momento de hablar y asumir las consecuencias.
Lo que se conoce por chemtrails -”estelas químicas” en español- es un fenómeno que, según algunos medios no oficiales, está causando muchos perjuicios al medio ambiente y a las personas. (Para información detallada sobre el tema, acudan a Internet). Recuerdo perfectamente que las nubes de los aviones de mi infancia no dejaban tanto rastro y que la supuesta anomalía debió empezar en España por los años dos mil, tras el supuesto ataque de unos supuestos terroristas a las Torres Gemelas.
Las fuentes alternativas de información -tan o más numerosas que las oficiales- hablan de primeros intentos de cambio climático ya en la guerra de Vietnam, hace cincuenta años, tras los cuales los programas de alteración de las lluvias y las temperaturas no han hecho más que perfeccionarse, y siguen diciendo que las estelas químicas llevan varios decenios contaminando el aire, las cosechas, el agua y a los seres humanos con metales pesados.
No sé, pero la verdad es que me parece mucha coincidencia que la semana anterior al decreto de confinamiento en mi comunidad -un viernes 13 (día de la mala suerte para los países vecinos del norte de Europa)- el cielo no cesara de aparecer trazado por líneas de nubes en sentidos varios, como un tablero de ajedrez. También será coincidencia que, cuando en la clase de mi hijo falta la mitad de alumnos por problemas gástricos, las estelas químicas nos cubran la luz del sol. Será coincidencia. La información alternativa coincide con mi experiencia personal, pero, yo, tal y como quieren el Estado, los medios de comunicación y quienes les pagan, no debo sacar una conclusión descabellada: que, si el régimen de lluvias está descendiendo, no se debe a un acaloramiento del planeta, sino a la cantidad de polución ambiental salida de unos aviones militares disfrazados de línea comercial; que, si estamos enfermando, no se debe al aumento de temperatura o de CO2, sino a una acción deliberada por limitar el crecimiento de la población mundial o, sin más, reducirlo.
Los medios de comunicación de masas y los gobiernos llevan tiempo contando cuentos de hadas; los alternativos, cuentos de terror: con un poco de inteligencia que le pongamos, descubrir la verdad no es muy difícil.
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