El poder de la mayoría

Cuenta Plutarco, en “Foción de Atenas”, sobre la ejecución de este general a manos de los mismos ciudadanos a los que defendió contra los enemigos de la polis. Poco después de matarlo, arrepentidos, los atenienses le restablecieron los honores: le erigieron una estatua y lo enterraron.

Hoy día, imbuidos del poder de las mayorías, la mayoría ignoramos el destino de un hombre de bien en el 318 a. C. Sin embargo, la lección queda para quien se tome la molestia de pensar.

Dice Carl Gustav Jung que reflexionar supone un esfuerzo, por lo que la gente prefiere juzgar, lo cual otorga mayor seguridad; permite juzgar las creencias de los demás, y despojarles de ellas o, incluso, de la vida. Reflexionar permite crear distancia de los acontecimientos y despertar la mente para que analice los hechos desapasionadamente.

La masa, a la velocidad del más lento, critica al loco que, con su atrevimiento, la despierta; los valientes que lo sigan corroborarán su locura, que, finalmente, convertida en ciencia, ganará para la masa un pasito de cordura.

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